Kendrick Lamar: Narrador de una época

Kendrick Lamar se ha convertido en muchísimo más que un rapero. Si en 2013 había sorprendido para bien con el lanzamiento de Good Kid, M.A.D. City, la salida de su último disco, To Pimp a Butterfly, lo terminó de acomodar en la élite musical del mundo.

 

Es que a un tipo con todas las cualidades para triunfar en el mundo del hip-hop, el nacido en Compton le ha sumado una composición y producción descomunales a lo que ya ha sido catalogado como “histórico” en cuanta reseña podamos leer.

Esos tres años que Lamar se tomó entre un disco y otro no fueron mero capricho artístico a lo Kanye West, sino más bien una verdadera búsqueda por lograr objetivos altos. La placa no sólo es ineludiblemente la mejor en su género, sino que se anima a más modernizando 50 años de música negra estadounidense y reivindicando géneros clásicos como parte intrínseca de la historia nacional de Estados Unidos.

Desde una obra completamente conceptual, que parece narrar las vivencias de los negros (para adentro y para afuera) con arduas instrumentaciones y cierta complejidad narrativa (la presencia de dos interludios y varias sub-historias lo muestran) Kendrick Lamar parece decir presente cuando más se le exigía.

El contexto lo ameritaba (crisis racial y los raperos como figuras públicas de alto perfil apuntadas por la sociedad) y él se hace cargo de la pelota devolviendo un perfil completo de la situación. El disco narra la historia de EE.UU pero también la propia de Lamar, cuestión que se ve en un discurso que se va dando de a pinceladas y termina revelandose en Mortal Man, tema en el cual tiene una conversación con el fallecido Tupac Shakur.

 I remember you was conflicted, misusing your influence. Sometimes i did the same, abusing my power, full of resetment narra Kendrick Lamar en varios pasajes y también en el discurso dirigido a 2pac, pero también dirigido a él mismo y a toda la comunidad de pandilleros y raperos negro de EE.UU. Las cosas se están yendo de mambo y él tiene que decirlo.

Desde lo musical es irreprochable. Como dijimos, se pasea por el funk, el soul, el blues, el reagge y hasta el rock, con invitados gigantes de la talla de Snoop Dogg, Bilal, Anna Wise y hasta el mismísimo George Clinton (palabras mayores), que se hacen presentes para darle aún más entidad al asunto.

Desde lo letrístico no se queda nada atrás. Sus canciones son contundentes, y se van de lo personal a lo político o social con una simpleza asombrosa. Se anima a hablar con Dios y con el Diablo en diferentes canciones (How Much a Dollar Cost y For Sale? respectivamente) y hasta a llegado al punto de tener canciones que representan a las dos corrientes de lucha por los derechos negros: The Blacker The Berry como Malcom X y I como Martin Luther King.

 To Pimp a Butterfly es un disco completamente atemporal, de esos que se podrán escuchar toda la vida sin perder presencia. Es un disco inteligente, político, sentimental, en contacto con la tradición musical pero aún así moderno y aventurado sin ser obvio o sermoneador. Es simplemente una obra maestra.

Nacho Casserly

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