Damon Albarn y sus mil invitados

Las expectativas a partir del nuevo disco de Gorillaz eran realmente grandes. La victoria de Donald Trump, la imposición del Hip-Hop como género predominante del mainstream norteamericano y la ausencia de lo escenarios durante 7 años hacían de Humanz uno de los lanzamientos del año.

El problema fue que quizás el tren del hype se llevó puesta a la nueva obra de Damon Albarn y Humanz terminó siendo, por lejos, una de las decepciones más fuertes del año. Lejos de saber aprovechar el nuevo auge del Hip-Hop los personajes animados parecen algo oxidados por su tiempo fuera de las canchas.

La extensísima lista de canciones (20 en la edición regular) ya daban una premisa de un disco que seguramente sería ambivalente e inclusive los adelantos dejaban entrever que no escucharíamos al Gorillaz más habitual pero el resultado plantó realmente más dudas que certezas sobre el nuevo sonido.

Nisiquiera el hecho de cierta conceptualidad a partir de la introducción y los interludios logra marcar el rumbo del disco. No se termina de entender qué buscaba Damon Albarn (si es que buscaba algo en las composiciones) o si realmente fue el lanzamiento de 20 maquetas embellecidas en la producción y los invitados.

Justamente una de las fallas más claras del álbum se encuentra en ese punto. Son 16 los invitados con los que cuenta Humanz y es tan marcada la diferencia que hace cada uno en el tema que por momentos (por no decir constantemente) parece que el disco es una recopilación de artistas producidos por Albarn.

Más allá de eso, ciertamente algunos singles logran destacarse por singularidad en comparación al sonido general del disco. El dancehall dubeado de Popcaan (Saturnz Barz), el siempre interesante aporte en los discos de De La Soul (Momentz) o la lírica y melodía perfectas de Benjamin Clementine (Hallelujah Money) son algunos de los pocos puntos altos del disco.

Las bases del disco coquetean más con la música electrónica y maquinosa que con el hip-hop o el rock alternativo más clásicos de Gorillaz pero son destacable como búsqueda de evolución musical de parte de Damon Albarn. Aún siendo un disco presuntamente bailable es realmente oscuro y en algunas pizcas, climático.

En cuanto a las líricas quizás el disco encuentre su punto alto. En un contexto político realmente propicio para que los músicos se expresen tanto Damon Albarn como todos (o casi todos) los invitados demuestran que la crítica y la desolación serán puntos comunes de los próximos años en los artistas socialmente sensibles. Los Gorillaz cayeron a un mundo yéndose a la B y lo saben.

Si te despierta curiosidad saber qué onda lo nuevo de Gorillaz te recomendamos que escuches los singles promocionales que lanzaron como previa al lanzamiento oficial, ya que es una selección de las mejores canciones del disco. Por lo demás, Humanz parece ser una obra apurada y emparchada por featurings lejos del mejor momentos de la banda animada.

 

Nacho Casserly